La puntualidad es algo tan primordial en la vida social, en nuestras relaciones profesionales y sociales, que los primeros obligados a tenerla son los superiores, los que deben dar ejemplo.
Ser puntual significa tener consideración hacia el prójimo, querer ayudarle a que su trabajo o su invitación sea un éxito, demostrar que nos interesa y que no queremos que pierda el tiempo por nuestra culpa.
Las personas puntuales suelen ser más cumplidoras y más diligentes que las que no lo son. La impuntualidad es una prueba de mala educación.
Si por alguna emergencia tenemos que llegar con veinte minutos de retraso a un acto social o a una cita, debemos telefonear para explicar nuestra tardanza, dando siempre el motivo del retraso.
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